Cuando un buen amigo me dijo que hiciéramos un blog, pensé en la última crítica negativa que me hicieron en mi blog personal. No soy lastimero al presentar esta opinión como algo que me desgarrase el alma, o como un ataque certero a la espina dorsal de mis sentimientos. Fue, quizás, lo más sensato a la hora de que alguien que escribe bien opinase sobre alguien que no lo hace. Las criticas van, vienen, vuelan entre campos de batalla sin muertos ni sangre, pero crean las heridas más difíciles de sanar por quien en verdad autocritica el ser en el que estamos inmersos. Esa dualidad inconsciente que nos sumerge en situaciones de las que no estamos seguros quien actuó, quien respondió, quien es el culpable.
Hoy en día, está de moda ser un hijo de puta que pretende ser políticamente correcto, fuerte y orgulloso, con principios moralmente acertados, lo que te ahorra a ratos tener que autocriticarse, ya que “siempre se está en lo correcto”. Lo demás es llanto y emoseria, inmadurez y pretextos de bocas que gimen y balbucean.
Hoy en día, la autocritica es símbolo de debilidad. ¡Y como no serlo! Nadie quiere denotar lo equivocado que se estaba, lo ambiciosamente cruel e individualista que se fue en la toma de decisiones. A los socialistas les cuestan caras tales decisiones, les cuestan las lagrimas de su juventud y la presidencia.”¡El partido se fortalece depurándose, compañero!” le escribió Lasalle a Marx en los albores de la defensa del proletariado, y aquí está la muestra de cómo el hombre pierde la memoria. Pobre Marmaduque, debe estar llorando las penas de un futuro que él no quiso crear en el paraíso de los revolucionarios, junto al Che y a Manuel Rodríguez. Y en verdad, ese era el tema principal de esta entrada, la actualidad de la pseudo política chilena. Pero, ¿que más se puede decir al respecto? Todos estamos ya conformes con los antagonistas (que superan en número, fuerza y conocimiento a los protagonistas) y los bandos, ¿o no?
Es la triste historia del gato y el ratón que se repite en nuestra historia desde la independencia. Un bicentenario de Tom y Jerry, donde cuando lo social aflora, cae el puño de hierro, magullando las carnes del pueblo que de nuevo vuelve, sumiso, a sus labores ancestrales de servidumbre, llorando matanzas, detenidos desaparecidos, héroes caídos, traidores y leyes malditas (y futuramente promesas inconclusas). ¿Y qué es lo que llega a salvarlos de las garras del patrón cuando la oscuridad de la noche capitalista cae sobre ellos? Una manga de pseudo intelectuales con el puño en alto, que cantan el pueblo unido como si fuese el himno nacional y pifian a la primera imagen de Pinochet que ven por ahí. ¡Pero que no los confundan! A la hora de opinar, todos votan MEO o simplemente no están inscritos, todos son los progresistas del mañana (que aunque suene idiotamente redundante, es una afirmación propia de aquella clase humana), ninguno estaría dispuesto a nada. Es cierto cuando se afirma que en chile nadie quiere saber quiénes son porque les duele, y eso no solo se aplica a la pobreza disfrazada de endeudamiento, sino también a esas ansias de querer llevar la revolución en la sangre sin siquiera tener principios claros. Uno es más hombre por sus principios claros, no por la fuerza con que ejerce los pocos que comprende. Poseros, go home.
Acabando este mensaje de resentimiento social, me gustaría dar gracias a Arkadi por compartir el blog conmigo.
Daruma
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